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Tal vez la diferencia entre el artesano y el artista esté en la funcionalidad o no funcionalidad de la obra que cada uno realiza. Si el artista se esmera en el placer de la creación, el artesano dota de sentido práctico a sus piezas. Pero esta línea a veces es muy fina, y en casos como las grandes vidrieras de nuestras catedrales góticas, podemos hablar de verdaderas obras de arte, a pesar de estar hechas por lo que en la época eran considerados artesanos vidrieros. 
Es por esto, que podemos considerar el trabajo de Natalia Benchoam como Vidrieras Artísticas. Con sus más de diez años de formación en Argentina, Estados Unidos y España, esta “artesana” domina diferentes técnicas para la consecución de sus obras, si bien, la técnica tiffany es la que más se presta a sus realizaciones. Además cuenta con formación en otros campos que complementan sus conocimientos y la ayudan en su proceso creativo, como la fusión de vidrio, el emplomado, la iluminación decorativa, etc. 
Natalia ha sabido dotar a sus obras de un diseño particular, fruto de su anhelos creativos e innovadores, pero siempre dejando un margen para adaptarse a las circunstancias del encargo a realizar: temática, contexto arquitectónico, necesidades de iluminación, o simplemente, gustos del cliente.
 En las diferentes exposiciones de Natalia que hemos podido contemplar en el Museo de la Cárcel Real, dentro de su sala dedicada a la artesanía, creo que sin ninguna duda podemos destacar la armonía como principal virtud de sus obras, tanto en las formas, como en los colores o en la manera de integrarse en el espacio. 
Lejos quedaron ya algunos de los materiales utilizados en las grandes vidrieras, el estaño sustituyó al plomo, y la calidad de nuestros vidrios contemporáneos los hace más ligeros, pero lo que no ha cambiado es el gusto por provocar diferentes sensaciones a través de tamizar la luz y jugar con los colores.
 
 Juan Pedro Moreno Carraso. 
Director del Museo de la Cárcel Real.
 
 
 
 

 

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